La organización de la competición está siendo magnífica. Eso está provocando que el nivel de la misma sea muy alto. No hay tiempo para el reposo y hace que todo se iguale más. Compitiendo se mejora más que entrenando.

El cansancio está pasando factura, con partidos cada tres días y rivales exigentes, con pocas ganas de arriesgar y dopados económicamente, algo que respeto pero me cuesta compartir. ¿Qué será de ellos en el futuro? ¿Qué será del fútbol sala Tailandés si continuamos en esta línea?

No oculto mi preocuación por el fútbol sala de ahora. No llegamos a ser el deporte atractivo y espectácular que éramos. La automatización de los jugadores y el carácter resultadista del entorno es algo alarmante.

Nos dolió ganar el último partido de esa forma. La poca ambición ofensiva del contrario y un ataque muy espeso, con falta de apoyos, jugadores muy lejos unos de otros y, una autoexigencia desmesurada por parte de todos, nos lo complicó en exceso. Supimos sufrir y ganar jugando mal, algo importante.

Pero siempre ganan los más regulares en la competición y que a su vez lo son en el trabajo del día a día. No saldría nada, o no tendríamos opciones si no somos persistentes en el desempeño diario. En eso mis jugadores están dando un ejemplo de dedicación y esfuerzo.

Algunos me preguntáis pero no son momentos de hablar. No hay tiempo y quería compartir algunas sensaciones, dejando el resto para el final y, llegará.

Muy contento de estar en esta liga, altamente competitiva y que si sabemos cuidarla, llegará a ser muy importante en el futuro. Es sorprendente el nivel técnico de los jugadores tailandeses a los que sólo les falta, tiempo para adquirir experiencia táctica y mejorar ciertos hábitos en su vida privada.

«Si somos humildes, proactivos, dedicados para analizar y entender además de, perseverantes, los objetivos se alcanzan».