Los que hayan leído mi blog saben de mi tendencia a exigir más profesionalidad a aquellos que nos dirigen, desde nuestros gestores de club a nuestros guías (casi espirituales) que copan los puestos de organización…los importantes.

Yo, César Núñez, creía que los mejores jugadores son aquellos que, no solamente tienen grandes cualidades técnicas, también los más inteligentes, los mejores conocedores del juego. Para que nos entendamos, menos trabajo para los entrenadores y tiempo para invertirlo en mejoras otros aspectos del juego en nuestro equipo.

Ver a un jugador correr tras otro obedeciendo órdenes, sin permitirles hacer ninguna lectura del juego, sin concederles la posibilidad de equivocarse en una anticipación, derrochando energía que luego les falta para llegar al final, sin ver su faceta humana. Aquella faceta humana que nos distingue de algunos animales por la capacidad de razonar que tenemos, la capacidad de pensar.Disertar sobre esto siempre será un placer. Disertar sobre herramientas para hacer desaparecer al jugador y convertirlo en un perro de presa, no.

Y, la fórmula actual de tomar dar libertad para tomar decisiones en ataque, pero, no en defensa, me parece un camino fácil que nunca debemos coger. El jugador es inteligente, unos más y otros menos. El jugador tiene capacidad para percibir, unos más y otros menos…en todos los momentos y situaciones del juego. Nosotros sólo debemos mejorarlos.