Hace un par de días cuando España y Francia disputaron su partido en la Futsal Euro y el partido acabó, me fui con una sensación muy normal. Fue un partido de fútbol sala, en el que un equipo, el español, había desplegado todo un arsenal de soluciones tácticas para intentar contrarrestar a otro, el francés, que sólo esperó los errores para crear peligro. ¿A quién no le ha pasado? ¿Quién no ha perdido un partido haciendo todo y mereciendo ganar? ¿Es malo no ganar un partido?… y podría seguir.

Están en su derecho por su puesto, aunque me dio la sensación de que tenían jugadores para creer y hacer algo más que destruir.

Hoy, tras el segundo partido del grupo entre Francia y Azerbaiyán, confirmé que mis sospechas no eran las propias de un enajenado. Un equipo con cinco jugadores nacionalizados, de origen brasileño, con un sentido lógico del juego y una lectura inteligente, ha ganado un partido a otro equipo, el francés, que pensaba que todos los días son domingo.

En nuestro deporte es muy importante defender bien, para atacar mejor. Las porterías están muy cerca. El balón es rápido. Los jugadores, todos, disponen de calidad para hacer gol. Se vive un tremendo estrés en esos veinte por cuarenta y, la única forma de liberar ese estrés, esa presión, es alejar el balón de tu portería, sentirte capaz de empujar al contrario y alejarlo de su objetivo –el balón-, crear y hacer gol para darle sentido a tu presencia en una cancha de fútbol sala. Eso, no lo ha hecho Francia ni en el primer partido ni en este segundo.

He leído muchas cosas sobre ese empate. Hablaban de una Francia revolucionaria, una nueva invitada para competir con los grandes de este deporte, una selección prometedora. Pues sinceramente creo que deben hacer algo más que defender así para merecerse esos titulares.

Yo vi a una España que cometió algunos errores, normales, pero valiente, creativa, arriesgada, con alternativas y muy mala fortuna. Me fui tranquilo a la cama sabiendo, que esto es fútbol sala y que un resultado que no se ajusta a lo que has expuesto, lo tiene cualquiera.