Obviamente asumo que los que lean este post, de lo único que me van a tachar es de poco objetivo porque, somos amigos. Realmente no me preocupa ya que lo que escribo en este blog, suele salir desde dentro, que es de lo que se trata hoy día.

Amigo, qué fácil es ganar cuando tienes un equipo de jugadores de primer nivel, cuando el club te da todos los medios para que puedas desarrollar un trabajo muy profesional, cuando tienes todos los recursos a tu favor…esos de los que tú no has disfrutado.

Fuiste nominado entre los entrenadores que optaban al premio al mejor de esta temporada y, sorpresa, se lo lleva el entrenador del campeón de liga. Es algo que estoy acostumbrado a ver. ¿Por qué será que no valoran tanto el trabajo con equipos humildes?

Tú has recorrido un largo camino para poder conseguir acabar en segunda posición en esa terna. Pero para mí no hay discusión, fuiste absoluto ganador. Curiosamente yo también soy entrenador (hace algunos días), así que puede que algo de lo que hablo tenga sentido.

He visto desde la distancia absolutamente todo lo que hiciste. Has compartido conmigo cada momento difícil, también los buenos. No puedo darte más que mi más sincera felicitación, pero no te pares. Estás aún lejos de tu potencial como entrenador. Seguramente en tu club lo saben y por eso te quieren así, es lo único que debe importarte.

Cuando estuviste aquí, me rompía la cabeza. Nunca te vi coger una libreta y pensaba que había dos opciones (realmente tres, pero no lo sabrás): la primera era la de que viniste a hacer turismo y la segunda, que esa cabezota que lleva tu cuerpo fuera una computadora y no necesitase más que ver las cosas para entenderlas. Sí, entenderlas, porque el fútbol sala hay que entenderlo y no aprenderlo. Poco tiempo después me demostraste que lo llevaste todo, todo lo que te importaba, bien ordenado y con propósito de usarlo y mejorarlo. La segunda opción era la buena.

Acostúmbrate a que no siempre gana el mejor, menos en nuestro gremio, y no cambies nunca…