“No estuvimos acertados en la toma de decisiones”. A veces a los entrenadores se nos escapa. Eso de lo que tanto hablamos, de la importancia de tomar decisiones.

Tomar decisiones se está convirtiendo en la solución para todo. No estamos descubriendo nada nuevo. La vida es una continua toma de decisiones. A veces esa decisión será la acertada y otras no.

Pero realmente, ¿buscamos en el interior de esa expresión?  Parece ser que ahora basta con aportar a los jugadores un mínimo de recursos tácticos y lo demás…” toma de decisiones”. Se la damos al jugador “X” y que él decida.

Seguramente no estaréis de acuerdo y eso me gusta, eso enriquece. La cuestión es que observando y observando, insisto en que tal vez sea una apreciación muy subjetiva, los entrenadores cada vez aportamos menos. Intentamos simplificar de tal manera que nuestra labor empieza a ser minimalista, con tal de que el jugador piense menos y haga lo que le venga en gana, que su trabajito sea muy sencillo. ¿Para qué le vamos a complicar la vida?

Ahora se trata de aportar calma. De saber llevar a un vestuario y controlar los egos para tenerlos contentos. De diseñar tareas divertidas para convertir, obviamente, nuestro día a día en algo ameno. De soportar los caprichos de nuestros queridos jefes y por nuestra marca de profesionalidad, en muchas situaciones, además de aquellas para las que realmente estamos preparados. ¿Nos conformamos con eso?

Yo me pregunto si nos queda tiempo para observar, crear, pensar y que todo ello desemboque en una mejora del jugador que proporcionalmente mejore su toma de decisiones.

Mucha palabrería para decir sencillamente que no debemos simplificar en exceso el trabajo diario. Someter al jugador a procesos cognitivos que lo hagan crecer. Envolver al equipo de forma progresiva en una mayor riqueza táctica que nos aporte un mayor número de soluciones… y, no hablar tanto de la toma de decisiones ya que eso, es algo inherente a nuestra propia vida. Todo lo que hagamos llevará implícito tomar una decisión, hasta incluso, decidir quedarse parado, y no hacer nada.

Nos preocupa mucho aparentar que sabemos más que nuestros jugadores, cuando lo realmente importante es entender el juego mejor que ellos, los momentos. Gracias a eso conseguiremos ofrecer soluciones lógicas y por supuesto, confiarán en nuestro discurso. La toma de decisiones de la que se habla ahora siempre nos acercará a la individualidad. Los recursos tácticos que podamos ofrecerles, nos aproximarán a la colectividad, que no olvidemos, será siempre la clave del éxito. Ambas deben coexistir, y, me da que la primera está tomando demasiado protagonismo. Implicar a más de dos jugadores en generar una respuesta a un problema empieza a ser demasiado molesto para algunos.

No tengáis miedo, lo peor que puede pasar es que os rodeéis de jugadores a los que no les interesa el crecimiento personal. Esos poco a poco se apartan, dejan espacio a aquellos que son ambiciosos y piensan en mejorar siguiendo tus consejos, directrices, orientaciones, ayudas…

Si le exiges a un jugador que trabaje sobre un nivel de dificultad de catorce posiblemente alcances un siete u ocho de aquellos menos dotados. Si les exiges menos, su progresión final será igualmente menor.