Nueve de la mañana en la antigua Saigón. Terminamos nuestro trabajo en el gym, desayunamos y nos preparamos para marchar al último entrenamiento previo al partido. Estamos en capilla. No hay marcha atrás. El pasado 5 de junio cuando estalló la peor crisis del Golfo de los últimos años, con el bloqueo de algunos países a Qatar, estuvimos cerca de tomar la decisión de renunciar a la Copa de Asía.

¿Por qué? Sencillamente porque no hay jugadores disponibles. La mayoría de los jóvenes catarís trabajan en la policía o ejército, y, estos dos estamentos están en estado de emergencia.

Ante esta situación sólo disponíamos de siete jugadores para competir. Los entrenamientos han sido irregulares pero buenos. Ahora ya estamos aquí, con ese número de jugadores.

Reunidos de urgencia pensamos que el fútbol sala no puede seguir pagando los errores de terceros. Traicionar el torneo sería traicionar al fútbol sala, al resto de equipos. Como guerreros que somos desde hace tiempo, todos, decidimos que como fuere, “nosotros viajamos a Vietnam”.

Estamos fuertes, unidos, con ganas de demostrar que ante cualquier adversidad la gente del fútbol sala está hecha de otra pasta. No corren buenos tiempos para nuestro deporte.

Sea lo que sea Al-Rayyan y sus jugadores vienen a demostrar que el respeto está por encima de todo. No nos vamos a quejar y vamos a disputar, o intentar disputar el torneo dignamente.

Hoy nos llegan dos jugadores para poder cubrir el acta del partido y poder disputarlo.

Como entrenador creo que llegamos bien, aún con este limitado número de jugadores. Pero hay cosas que se escapan de nuestro control. Que nadie dude que cada minuto para nosotros será de oro, lo disfrutaremos y lo competiremos, y, tiraré de lo que haga falta para sacar los partidos adelante. Seguramente no seamos un gran problema para nadie, como dije en el anterior post, pero trabajaremos los partidos. Nos adaptaremos.