Nunca he creído en los premios al mejor entrenador. Soy de los que piensa que debemos ser buenos profesionales ante todo y después, que cada un muestre sus diferencias, sus propias características. Aquellos que estén aquí sólo por dinero que se marchen. El fútbol sala necesita pasión, dedicación, sacrificio, análisis, planificación, humildad, y muchas horas de trabajo… sencillamente ser profesionales.

Recuerdo ese día cuando un experimentado jugador, hace ya mucho mucho, me dijo tras tener que dejar el club: “nunca dejes de ser tú mismo, es lo único que importa”.

Es lo que intento cada día. Gracias a los jugadores y asistentes de los que dispongo este año está siendo fácil. Gracias a los jefes, que de momento me apoyan, igualmente está siendo sencillo. Gracias a la familia, que siempre está ahí, está siendo llevadero. Y gracias al trabajo, que todos realizamos juntos, los objetivos están llegando. Por lo tanto, este pequeño reconocimiento lo comparto a partes iguales con todos ellos que, son los que más lo merecen.

Pero el otro sí que ha sido un gran premio. Ayer superamos a Kharaitiyat, un duro rival y nos metimos directos en la final de Copa.

No está siendo fácil este final de liga. De repente, todos los problemas de lesiones que no tuvimos en la liga están apareciendo. ¡Menos mal! Los entrenamientos no tienen la misma calidad al no poder contar con todos. Y como no, el cansancio que ya tenemos acumulado.

Aun así, nos queda un partido que disputaremos contra un gran equipo, Al-Gharrafa, sí, otra vez ellos. Los otros ganadores de esta liga. En la final puede pasar de todo, pero ya estamos ahí. Nos quedan tres días para preparar la batalla. Es la hora de continuar siendo guerreros.

¡Gracias equipo!