Sobre todo, agradecer de corazón a todos aquellos que me habéis felicitado. Ya hace unas semanas que fuimos campeones, pero el pasado miércoles, pudimos festejarlo como se merece y recoger nuestro premio.

Nada que decir que no haya dicho ya. Muy satisfecho por poder ver el fruto de tantísimo trabajo. Un trabajo que este año particularmente me ha dejado muy cansado, pero que, ha merecido la pena.

He aprendido muchísimo, cosas buenas y malas, que son las que debo reconocer y no hacer. He sufrido en algunos momentos porque mi salud no me ha permitido disfrutar al máximo ni de entrenamientos ni de partidos. Me he divertido, ya que el ambiente dentro del grupo ha sido excelente, incluso en los malos momentos.

Y claro esto tiene a algunas personas detrás. A los jugadores ya se lo he reconocido muchas veces. Ellos son los verdaderos artífices, mis héroes. Pero además hay gente de las que se ve poco que también lo merecen.

En primer lugar, a mi querido Babú. Nuestro utillero y padre de todos dentro del vestuario. Hay que ser muy hombre para poder hacer su trabajo. Siento verdadera admiración por esta persona que es de las que creo son la verdadera alma del equipo en su interior.

A mi jefe Tarek, que, con sus cosas, ha sabido manejar situaciones muy complicadas. Que igualmente ha acabado agotado pero que me ha valido con ver como cerraba esos puños en la cena de celebración, recordando los malos momentos. Sólo esa sonrisa disimulada ya valió la pena, en un hombre que es pura alma. Y a su pareja el Sheyj Mohahed. Puede que no sea perfecto y que esté en su mano hacer algo más, pero admiro su capacidad para no esconderse. Siempre disponible, dando la cara sin poner la espalda. Tiene mucho mérito lo que hace y a veces no es nada reconocido.

A la familia de Proneo, especialmente a Sergio Cruz. Siempre has apostado por mí, aun cuando algunas veces puede que no lo haya merecido. No te puedo considerar más que un hermano, con tu defectos y virtudes que son muchas. Siempre estás presente desde hace ya casi diez años. Espero que nos quede un largo camino que recorrer.

A mi hijo David. Que en la distancia nos ha seguido y que sé que le hubiera gustado poder estar aquí. Tendrás tiempo hijo y da por seguro que siempre seré un seguidor tuyo. Este año podrás colgar otra medalla en tu habitación, y no olvides, que es más tuya que mía.

Y dejo para el final la más importante para mí, la más especial, a la persona que me ha acompañado en cada momento, dentro y fuera de la cancha. A mi compañera, amiga, pareja, confesora, y todo lo que una persona con la que compartes tu vida debe ser. Cristina. No sé cómo ha aguantado tantos malos días. Formas parte de la familia y ellos te buscan allí arriba en tu balcón antes de comenzar los partidos. Ha sido el mayor soporte que he tenido, en un año muy muy duro que, si no hubiera sido por ella, la celebración no hubiera sido igual. ¡Millones de gracias!

Ahora, sin más, a preparar la Copa y espero que la Copa de Asia en buenas condiciones.