Cuando pienso en este chico lo primero que se me viene a la cabeza es que “nadie le regaló nada”. Desde muy joven vino a Qatar y se enfrentó a situaciones muy adversas.

¡Ya ya lo sé! Imagino a algunos que conozco pensando: “sí claro, pero si juega en Rayyan, ¡qué narices dificultades!”.

Eso no será un debate ya que tan sólo él, y los que estamos por aquí, sabemos de lo que estamos hablando. Qatar más allá de ser un paraíso ofrece muchos inconvenientes para el desarrollo profesional de un jugador. Muchos más para tener una vida tranquila encajada en este entorno deportivo.

Yo puedo hablar ya que lo vi antes de mi llegada a este club y ahora, hace algo más de un año que lo tengo bajo mi dirección. Desde mi posición debo darle las gracias por lo mucho que le da el equipo. Por lo matemáticas que es, algo que me hace mantener la tensión siempre y me ayuda a mejorar. Por su calidad humana escondida tras ese físico que asusta por su potencia nada más verlo. Hasta por esos momentos en los que me manda a tomar por el culo (perdón por la expresión) aunque diga que no es a mí. Él ha entendido lo que es el trabajo, este deporte, el sufrimiento que necesitamos y la necesidad del grupo, de la familia.

Lo anterior no pasa de ser cuatro palabritas para que él mismo entienda lo importante que es y todo lo que puede mejorar. Ahora viene lo mejor. Ayer recibimos la noticia de su futura paternidad. Obviamente mi alegría no puede superar la suya, pero es enorme. Va a ser un paso más en su vida, la vida de un valiente que entiende el verdadero valor de la familia y que lucha, junto a Leticia, por ser un gran ejemplo para todos.

Millones de felicidades y espero, poder ver a ese niño o niña corriendo muy pronto por aquí.