Además del vídeo hoy me toca hablaros de la final con más exactitud, sin dejar de ser una visión muy subjetiva de todo lo ocurrido antes, durante y después.

Ninguno de los equipos llegamos bien. Como ya comenté en posts anteriores, la temporada ha sido una locura, con un diseño absurdo que realmente no beneficia en nada a  jugadores y técnicos. Incluso si me apuran…ni a los clubes.

El partido no soportaba una planificación más allá de la simplificación en todas las acciones del juego. Un error, se penalizaría más que nunca. Por mucho que quisiéramos no era el día para jugar, para ser atrevidos. Queríamos el título y sencillamente había que competir.

Conocíamos todo de ellos y veníamos de dos encuentros hace dos semanas. Era la ocasión perfecta para testarnos, para saber si realmente todo el trabajo ha servido, para darle valor a un añito en el que se han perdido tan sólo dos partidos.

Y así fue. A pesar de dos semanas pésimas en cuanto a nuestro estado anímico por la pérdida de la liga, y de la forma que fue, sumado a los problemas extradeportivos, demostramos estar muy por encima de nuestro rival como conjunto, algo que maquilló nuestras carencias.

Los números han sido muy parecidos y la final, la decidieron en primer lugar nuestra vocación defensiva y en segundo lugar, el haber aprovechado su desorganización en momentos puntuales del juego, su dependencia de las individuales de que disponen con la consiguiente gestión de los errores. Y un poco de fortuna.

Espero que esto sea un punto de inflexión. Que desde este club se pierda un poco de respeto (en lo deportivo) hacía al Sadd. No son el coco, no se comen a nadie, tan sólo son muy buenos pero, con trabajo y humildad se superan muchas adversidades.

En Al-Rayyan el objetivo es claro: seguir creciendo y pulir los errores cometidos pero desde la calma y la sensatez.

¡Mabruk Rayyan!