Las famosas gitanas. No sé si realmente esto debería considerarse parte leal o natural del juego, la cuestión es que el reglamento  lo permite, y que si no lo aprovechas, lo harán otros por ti. Como ocurre con el ataque de cinco o power play.

He elegido un ejemplo sencillo. Existen multitud de tipos de jugadas basadas en esta situación. Se trata sencillamente de aprovechar el momento del cambio para sorprender al rival. El espacio delimitado para realizarlo permite entrar por un lugar y salir por el otro, y esa, es la clave.

Algunas consideraciones importantes. Realizar este tipo de jugadas conlleva tener en cuenta algunos aspectos. En primer lugar, elegir bien a los jugadores que la tienen que desarrollar. Necesitamos de una coordinación perfecta sobre todo entre los dos jugadores que realizan el cambio. Suele ocurrir en muchos casos que el jugador que entra se precipita o el que sale no termina la acción, con lo cual, nos encontramos con un jugador más en cancha, produciendo esto la evidente penalización. Además de entrar o salir por un espacio antirreglamentario. El espacio es el que es, y no podemos ampliarlo, pero si aprovecharlo al máximo.

Igualmente el jugador que da el pase final, en este tipo de jugadas, debe ser uno que en ese momento esté en el perfil adecuado. Un zurdo si salimos desde la izquierda o un diestro si salimos desde la derecha (eso, en este ejemplo en concreto).

El momento de realizarlo. Normalmente, a lo largo de un partido con marcador controlado, los equipos suelen tener prudencia a la hora de defender la zona de cambios, precisamente para evitar este tipo de jugadas. Pero, cuando el marcador es en contra, y se juegan los últimos minutos de partido, la precipitación y la ansiedad por recuperar hacen que sea ese, el momento adecuado. Es habitual oír a los entrenadores al final de los partidos: “individual sin cambios”, “no cambiamos”. El objetivo es, asumiendo riesgos, intentar recuperar rápido para levantar el marcador. Insisto, es el momento justo. En los dos ejemplos que he puesto se da esa circunstancia.

El árbitro. Aunque parezca algo insignificante, si estamos listos, podemos avisar al árbitro un poco antes de la ejecución de la jugada. ¿Por qué? Muy sencillo. Este tipo de acciones exige a los árbitros a percibir un elemento que está fuera de la pista. Normalmente el jugador que entra parte desde la posición de sentado. El árbitro no espera el cambio. Ante esto, la reacción habitual por parte del contrario es protestar airadamente, incluso habiéndolo ejecutado dentro de la legalidad. La consiguiente reacción arbitral, muchas veces, ante la duda, y no estar seguro de lo que ha visto es penalizarlo. No es justo, pero es así. Por esto, avisar al árbitro unos segundos antes, con discreción y reclamándole que observe el cambio que vamos a hacer, es prevenir una posible sanción si lo hacemos correctamente. Esto forma parte del juego.

Por el contrario la opción de solicitarlo al cronometrador no es aconsejable. De entrada, el delegado del equipo adversario, si hace bien su labor, estará atento a todo lo que ocurra en banquillos y mesa. Además siempre una vez señalizado, ningún árbitro vuelve atrás aunque desde la mesa le indiquen la corrección de la jugada. Como mucho concederá un bote neutral, pero jamás lo he visto. Así que mejor avisar al árbitro sin que nos vean los contrarios, justo cuando esté en nuestra zona de banquillos.

Por último, no desesperéis. En dos equipos diferentes, ensayar la misma jugada no es garantía de éxito. Dependerá de cómo lo entiendan y la confianza que ellos mismos depositen en los diseños que hagamos. Lo ideal es no dejar de hacerlo si no sale de primeras, y buscar las posibles alternativas para poder sacarle partido, siempre en función de los jugadores de que dispongamos.