Hay lugares en los que ten sientes un privilegiado. Hoy, día no muy caluroso, con una brisa a tono con él, mochila a cuestas, con toalla y cámara, nada más. Hacía tiempo que no visitaba esta playa, o este trocito de playa. Es espectacular, su amplitud, su color, el olor de su arena, su luminosidad, su limpieza, su contraste. Pero sobre todo, es un lugar en el que me recreo por la grandiosidad que alcanza la línea del horizonte, jamás la divisé en ningún lugar como aquí. Esta claro que como fotógrafo pasaría hambre pero al menos lo intento y lo comparto. Es la parte alta de la playa de la Barrosa, al final de la línea de hoteles. Entrada por arriba, dónde si tienes tiempo, merece ver la puesta de sol, en ese maravilloso horizonte. Invita a pensar que detrás de ella se esconden otros mundos de fantasía.