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Lo de este fisioterapeuta no tiene nombre. Ahora mucha gente me felicita por el título obtenido recientemente como si yo fuera un héroe pero no es así. Este tío es uno de los principales culpables de todo lo conseguido ahora y también antes.

Alexandre, para todos Cherno, es sin duda el jefe de los Thais, a veces, también pienso que es mi jefe. Siempre en un sentido positivo de las cosas. Su experiencia en Tailandia me ha servido para sacar el máximo provecho a una plantilla muy tocada por las circunstancias. Para mí, ha sido una guía absoluta.

Además, es de los que sabe dejar en la pista los problemas que allí surgen y después… se acaba. Él fue jugador y tiene un ascendente enorme con los jugadores. Lo más importante para mí es ver la auténtica confianza que le tienen todos ellos.

Un entrenador que se quiera un poco y quiera a su equipo, valora eso por encima de todos los intereses personales, es un privilegio verlo cada día.

Alexandre ha hecho un trabajo multidisciplinar. El suyo, por supuesto. Ayudó al preparador físico, un chico joven con infinitas ganas, orientándolo y consiguiendo que nuestro equipo, fuera el mejor en ese aspecto. En los partidos, yo sé donde está y aprovecho que se siente cómodo para usar lo que sus ojos ven, que no es poco.

Es sin duda alguna, otro de los culpables en un porcentaje mayor del éxito de Chonburi este año y confío, en poder tenerlo conmigo bastante más tiempo.

Como siempre te digo amigo: “Pelea como sabes y nunca dejes de ser tú mismo” simplemente hay que aceptarte y valorarte.

Muchas gracias Jefe de los Thais, el año que viene, más y mejor.

Cada uno debe ser reconocido por sus méritos. Yo, como entrenador, no puedo anteponer el papel principal del grupo a un solo jugador y, tampoco puedo dejar de agradecer él en particular, su aportación en los momentos más complicados.

Muchos pensarán que ganar el título ha sido un camino de rosas. El equipo tuvo muchos problemas en el comienzo de la temporada, sobre todo, por la dificultad de adaptarse a un nuevo método, sistema, estilo, personalidad de un entrenador también muy particular.

Mientras unos se quejaban y hacían trampas, nosotros avanzábamos sin pausa.

Nattawut Mayalan ha sido mi mayor soporte desde que comenzamos allá por octubre 2019. Ha tenido que reconvertirse en algo que no era y ha descubierto todo lo que puede llegar a ser. Ha demostrado ser sin duda alguna un gran capitán. Sin él, yo no hubiera podido hacer bien mi trabajo.

Me ayudó con los jugadores jóvenes. En los momentos complicados de partido, él, como líder pedía el balón y le quitaba presión a los demás. Cuando tuve malos momentos él me balanceo mostrando un carácter ganador. A veces, hasta se enfrentó a mí como lo hace un auténtico guerrero, con honor y pensando en el bien del grupo.

Para mí, si deja de jugar a fútbol sala va a ser una pérdida dolorosa. En ese sentido no puedo negar el aprecio personal que le tengo y no quiero celos porque admiro a mis jugadores pero, es justo que yo le haga este pequeño homenaje.

Ya sabíamos que eras muy bueno “Don”. Ya sabíamos que la manejas como nadie. Ya sabíamos de tu compromiso y dedicación. Ya sabíamos que eras imprescindible. Ahora, yo certifico lo que ya intuía: no tienes límites. Sólo tú los puedes poner.

Me siento muy agradecido por todo lo que has hecho por mí y por el equipo, siendo la base de todo lo conseguido.

Kob-Kun-Krub…

Mi más sincera felicitación a este grupo de jugadores. ¡Admirables!

Todo empezó el año pasado. En una situación muy oscura a la que todavía le queda por clarear, iniciamos esta lucha contra el mundo. Y digo contra el mundo porque la situación en Thailandia ha cambiado mucho, no es como antes. Demasiados obstáculos innecesarios que enturbian el fútbol sala.

Muchas horas de trabajo, de sufrir, mientras otros se dedicaban a utilizar malas artes. Algunos hicieron trampas, de las que no voy a hablar para no quitar ni un ápice de protagonismo a estos chicos. En nuestro caso, como hormiguitas y poniendo cada día la mayor ilusión, con momentos malos, menos malos y buenos, construimos un título que sabe a futuro.

En los próximos posts compartiré sobre alguno de ellos, porque aunque el grupo siempre será el principal culpable de todo, las actitudes y aportaciones individuales y, especiales, en mi caso no pueden pasar desapercibidas. Como ya sabéis me gusta premiar de alguna forma a esos que empujaron de forma extra sin cobrar más.

Grandes chicos. Campeones de la Thai League 2020. Sin discusión, sin dudas, con regularidad, con contundencia, con enorme humildad.

Go Chonburi Go.

En un año que está siendo bastante duro por muchísimas circunstancias, personales, deportivas y aquellas que llegan extra, sin buscarlas, esta semana ha sido increíble.

Más allá de lo deportivo, que es insignificante para mí, la convivencia con un grupo de brasileños y tailandeses que han formado parte del equipo que participó en la edición 2020 del Thailand 5, ha sido sencillamente espectacular.

Espero que el objetivo se haya cumplido. No era otro que ayudar a la preparación del equipo nacional. Y si no fue así, lo hemos intentado.

No tengo palabras para agradecer el trato recibido de todos, sin excepción. Mi vida está cargada de buenas experiencias, las malas las elimino rápido de mi memoria, procuro no invertir tiempo en ellas. Esta ha sido de las mejores. Fantástico grupo humano.

Sólo gracias. Me llevo una lección de vida. También me guardo mucha información sobre este maravilloso juego que cada día necesita de mayor comprensión. Y claro, no voy a dejar atrás las decepciones, que han sido algunas, que me harán mejor y más fuerte.

No debemos nunca juzgar a una persona sin conocerla, por mucho que nos hablen de ella. No es justo, no es inteligente. Eso es lo que me gusta, no confiar en lo que alguien dice de alguien. Yo prefiero conocer y si realmente no merece la pena, entonces lo aparto de mi vida, elimino lo negativo porque eso, lo elijo yo.

¡Vamos chicos! La vida cierra una puerta y abre otra. Sobretodo, a las buenas personas. Sé que os mirarán de otra forma en vuestros clubes desde este momento.

Desde ya con las energías puestas en lo que nos queda de liga. Lo más complicado, podemos ganarla, también perderla, pero todo depende de nosotros.

¡Go Chonburi Go!

La organización de la competición está siendo magnífica. Eso está provocando que el nivel de la misma sea muy alto. No hay tiempo para el reposo y hace que todo se iguale más. Compitiendo se mejora más que entrenando.

El cansancio está pasando factura, con partidos cada tres días y rivales exigentes, con pocas ganas de arriesgar y dopados económicamente, algo que respeto pero me cuesta compartir. ¿Qué será de ellos en el futuro? ¿Qué será del fútbol sala Tailandés si continuamos en esta línea?

No oculto mi preocuación por el fútbol sala de ahora. No llegamos a ser el deporte atractivo y espectácular que éramos. La automatización de los jugadores y el carácter resultadista del entorno es algo alarmante.

Nos dolió ganar el último partido de esa forma. La poca ambición ofensiva del contrario y un ataque muy espeso, con falta de apoyos, jugadores muy lejos unos de otros y, una autoexigencia desmesurada por parte de todos, nos lo complicó en exceso. Supimos sufrir y ganar jugando mal, algo importante.

Pero siempre ganan los más regulares en la competición y que a su vez lo son en el trabajo del día a día. No saldría nada, o no tendríamos opciones si no somos persistentes en el desempeño diario. En eso mis jugadores están dando un ejemplo de dedicación y esfuerzo.

Algunos me preguntáis pero no son momentos de hablar. No hay tiempo y quería compartir algunas sensaciones, dejando el resto para el final y, llegará.

Muy contento de estar en esta liga, altamente competitiva y que si sabemos cuidarla, llegará a ser muy importante en el futuro. Es sorprendente el nivel técnico de los jugadores tailandeses a los que sólo les falta, tiempo para adquirir experiencia táctica y mejorar ciertos hábitos en su vida privada.

«Si somos humildes, proactivos, dedicados para analizar y entender además de, perseverantes, los objetivos se alcanzan».

Sí podemos hacer algo. Los entrenadores debemos adaptarnos a la realidad actual, a lo que ocurre en nuestra sociedad para que nuestro trabajo, el invisible, aporte y haga mejorar a los jugadores también como personas. Cargarlos de valores positivos.

Una vez escuché decir: “si quieres saber cómo es un entrenador pregúntale a los jugadores”. Pasar por su vida y no dejarles nada, es la prueba máxima de incompetencia. No importa que lo vean al instante o años más tarde, pero que hereden algo de nosotros, los entrenadores.

La nueva forma de entender el trabajo en grupo nos lleva a ser estrategas, psicólogos, compañeros, orientadores, y muchas cosas más, sin perder de vista nuestra posición. Si nos desnaturalizamos, no tendrá sentido estar al frente de un equipo. Hay mucho trabajo que no se puede plasmar en una hoja de sesiones.

Los derechos de un jugador a reclamar empiezan cuando cumple con sus obligaciones profesionales. Respeto hacia sus compañeros, entrenador y asistentes, hacia la entidad, compromiso, disciplina, adaptación al entorno y a las personas con las que trabaja, que sienta que los intereses del colectivo están muy por encima de los individuales.

Hoy, muchos jugadores de cualquier deporte, debido a la influencia de los medios de comunicación, redes sociales, intereses personales propios y a la toxicidad de ciertas personas que los rodean, viven en una peligrosa burbuja y las burbujas, tarde o temprano explotan.

Y nos preguntamos por qué ahora los jugadores tienen menos talento. Ya no juegan, se exhiben. Ya no se incentiva la creatividad, los convertimos en atletas que en lugar de pensar usan la intensidad para competir. Ya no existe la educación como base para una buena y larga convivencia además de ser el camino de la progresión. Ya no importa nada más que el rendimiento individual, las fotos para compartir, los vídeos de sus goles, sus números, sus records, los “likes and comments” ¿En qué punto estamos?

Aquel entrenador que sepa identificar sus carencias y guiarlos, con un gran sentido de la orientación personal, armado de paciencia y valentía, sin duda tendrá el objetivo más cerca que otros que, se dedican a girar la cabeza con el único objetivo de estar ahí. Es nuestra obligación porque ellos no son los culpables de todo y… lo merecen.

En esta etapa de mi vida, me es imposible separar lo personal de lo deportivo. Ante todo, intento eliminar los malos hábitos, deficientes comportamientos y excesos de los jugadores. Procuro que sepan ver al compañero, aceptando sus defectos y virtudes y lo necesario que es para el funcionamiento del grupo. Nadie es perfecto, pero elijo estar rodeado de gente productiva y que sume en todos los ámbitos.

Si tengo que tomar decisiones, las tomo. Pocas veces me vuelvo a casa sin sufrimiento tras decidir sobre otro ser humano. Mis decisiones no están relacionadas tan directamente como creemos con el rendimiento técnico/táctico en exclusividad. Empatizo y valoro las consecuencias, pero al final, vuelvo al punto de partida: “estoy en una constante toma de decisiones” que, en mi caso, afecta directamente a personas. Lo entiendo.

No es fácil ser entrenador, más, si realmente comprendes cuál es tu papel. No eres el centro de nada hasta que se cosechan malos resultados, pero sí la barrera que impide que el tren descarrile. No ganas partidos y sí los pierdes. Sólo eres la persona a la que acudirán cuando lo necesitan que, es generalmente cuando se dan de bruces con la realidad y, en privado. Nadie te va a valorar así que, empieza por hacerlo tú mismo.

El jugador joven, casi siempre, se mueve por imitación. Es insoportable ver como la actitud de importantes deportistas de alto nivel, muy visibles a nivel mediático, está influyendo de forma negativa, en ellos.

El deporte, el fútbol sala, es algo perfectamente comparable con lo que ocurre hoy en nuestra sociedad. ¿Vamos por el buen camino? ¡Creo que no! Que cada uno saque sus conclusiones y tome sus decisiones para ayudar en la medida que sea posible.

Sencillamente es una reflexión sobre la famosa y real “soledad del entrenador” que comparto con la intención de “saber dónde estamos” para “poder elegir el camino correcto”.

No tengo duda de que perderemos partidos, que vendrán momentos difíciles y de inseguridad, de alegría y tristeza. El fútbol sala es una montaña rusa que se combate única y exclusivamente con regularidad, paciencia, es un largo camino el que aún nos queda por recorrer.

Regularidad para afrontar los buenos y malos momentos. Gestionarlos será fundamental. Creer e insistir, analizar y saber dar un paso atrás, también adelante, siempre es algo que está en mi cabeza. Podemos llamarlo “adaptación” y es fundamental para el desarrollo personal de cada uno de nosotros.

Estos jugadores, hasta ahora, merecen mi más sincera admiración por cómo se están esforzando. Han sido meses duros, con cambio de hábitos, modelo de trabajo, tener que conocer y soportar (¿por qué no?) a un nuevo entrenador, a veces complicado pero que intenta guiarlos, no sé si de forma correcta pero sí de la única manera que sé.

El de hace dos días fue un partido duro por todo lo que representaba. Era el primer test serio de la temporada para todos los que rodean el fútbol sala en Tailandia. Para mí uno más, pero lo entiendo. De hecho, creo que fue el rival que menos nos exigió tácticamente.

Este post no deja de ser una felicitación a mis jugadores porque viendo el partido, en casa, sin estrés, pude disfrutar y, al fin y al cabo, lo que me gusta es el buen fútbol sala. No era fácil.

El adversario, que seguramente estará peleando por el título, nos exigió mucho a nivel físico. Es sorprendente su nivel, ¡cómo corren! Están por encima del resto. En el contacto también, tal vez los árbitros debieran proteger un poco más a todos los jugadores, son ellos los importantes (los de todos los equipos). Me gustó Takham, te aprieta, te agobia y te hace pensar.

Pero, siempre hay un “pero”, viene lo peor. Estructurar nuestra cabeza para no perder de vista el objetivo, que no es más que disputar los próximos tres puntos. Tal vez ni eso,  será mejor centrarse en ir entrenamiento a entrenamiento.

Somos un grupo que tiende a excederse en la confianza. Cada vez menos y por eso, invertimos mucho tiempo en presionar para que ello no ocurra. El respeto hacia todos los contrarios será, junto a otras actitudes, primordial para poder avanzar con dignidad.

Ver, pensar y decidir. Ayer comenzó la liga y no es fácil para mí después de un resultado así, no estar contento. No quiero aprovecharme para que después, eso, me debilite.

Ganar así no me gusta. Con la sensación de que hay un momento del partido en el que has perdido el control. ¿Por qué? Yo no lo sé

Trabajar conmigo no es precisamente fácil, se necesita tiempo, mucho, para conocerme. Sé de las dificultades que la vida nos va a ofrecer. Ya espero las adversidades por la trayectoria de este club en años anteriores, por el peso de la camiseta. También me siento listo para protegerme de lo tóxico y añejo del ambiente. Para lo que no estoy hecho es para no afrontar cada minuto de mi vida sin intensidad y, por ende, los que me rodean también deben hacerlo.

¿Dije “intensidad”? Quise decir “Actitud”. Tal vez me traicionó mi subconsciente. Ser intenso no es malo, no ser calmado es terrible. Tengo la oportunidad de disfrutar de esto en un lugar privilegiado, con unos jugadores excelentes y, no quiero dejar pasar la oportunidad ni un solo segundo.

Ganar es siempre positivo si somos capaces de ver cómo lo hicimos y por qué se dio el resultado. Tal vez puedan parecer palabras vacías pero los que me conocen saben de qué hablo.

El fútbol sala se ha extendido muy rápidamente por el mundo. Ningún equipo te lo pondrá fácil y debes ser altamente competitivo. Busco cada error como si fuera un tesoro, para poder retenerlo, analizarlo y corregirlo.

Creo que nos merecemos mucho. El trabajo fue brutal y difícil. No es momento de regalar ni el más mínimo esfuerzo. Adoro a mis jugadores, pero más me gusta el grupo. Lo que nos falta, confío plenamente en poder dárselo o de lo contrario, habré fallado.