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Estos episodios reflejan más o menos todo lo que ha sido el año. Cómo se preparó, nuestra idea inicial y la transición, en la que aún estamos.

Como dije en tantas ocasiones, por los números, podría parecer que fue fácil pero no, ha sido uno de los proyectos más complicados de sacar adelante.

También ha sido en el que más involucrada he tenido a toda la gente de alrededor. Ha sido fantástico y eso demuestra, que no puedes hacer nada solo, que la fuerza del grupo es demoledora si se usa en una única dirección.

Mi reto será convencerlos de que hemos hecho, tal vez, lo sencillo. Debemos consolidar el título e intentar mantener la hegemonía con respeto a todos los demás, que lo están haciendo muy bien y al mismo tiempo nos están ayudando a mejorar, con esa exigencia que demandan.

La estadística en el fútbol sala tiene un alto componente de interpretación, de subjetividad. Ese es el punto: ¿cómo interpretar los datos? ¿Qué influencia tendrán en nuestro modelo de juego?

En este post, que será largo, voy a hablar de la importancia de la posesión en nuestro equipo. No es nada nuevo que soy un amante del juego de posesión, de los ataques largos y, con esa idea, hemos ido desde el principio.

El origen no es otro que la observación previa y tomar decisiones sobre lo que consideraba sería mejor para nosotros. De entrada contaba con que la mayoría de equipos nos cederían 20 o 25 metros de la cancha, reducirían el espacio a defender. Su intención de juego iba a ser conservadora a la espera de un error nuestro.

Esto nos obligaba a elegir entre dos opciones: jugar como ellos y especular o, aceptar el reto de administrar la posesión del balón, con el riesgo que ello conlleva.

En nuestra programación, las tareas de conservación de balón, con múltiples variantes, han adquirido una importancia relevante. En la primera etapa de preparación, llevamos un control exhaustivo del número de pérdidas de balón directas de cada jugador. Cada día lo primero que hacían era ver sus estadísticas. Fue un plan de concienciación. A nadie le gusta ver malos números asociados a su nombre.

Estos datos no se tomaron a pie de pista, los obteníamos tras hacer el scouting del entrenamiento. Análisis estadístico y también táctico personalizado. Se justificaba el error, dialogamos con los jugadores en busca de una idea común.

Pronto comenzamos a reducir el número de pérdidas de balón a niveles altamente competitivos. Fue el primer pilar que nos permitía construir un ataque seguro, en el que la finalización no sería de cualquier forma. Y, lo más importante, entender la importancia de no conceder contraataques al contrario, era lo que ellos querían. Al transitar a tareas o estructuras menos complejas y más próximas a la competición (partidos), El primer objetivo se había conseguido.

Las estructuras tácticas ofensivas fueron el segundo objetivo, que fuimos introduciendo desde el principio también. No hicimos nada diferente a lo que casi todos conocen pero, sí insistimos en la repetición de múltiples opciones codificadas que ejecutábamos en las sesiones y en diferentes escenarios: sin defensores, con defensores pasivos, con grupos de 2-3-4 atacantes, en espacios alternativos, con limitación de contactos, en juego libre, etc. Todo lo imaginable. Insistíamos en la idea sin límites.

Pero, el objetivo no era más que crear un entorno táctico en el que los jugadores se pudieran desarrollar, elegir siempre las mejores opciones partiendo de la compresión, de entender cómo se comportan los defensores en cada momento. Sobre todo, entender bien que necesitábamos variedad y aprender a desorganizar nuestro ataque. Sí, desorganizarlo.

Todo ello apoyado en la paciencia que todo ataque precisa para encontrar la portería. Desorganización, es lo que buscábamos principalmente pero, también que las propuestas ofensivas provocaran el error que habíamos planeado. Optamos por patrones que sabemos que pueden ser finalizados de dos formas diferentes: si el rival cometía el error previsto o, desorganizar nuestro ataque al observar que el adversario nos concedía otra alternativa, otro error, otro espacio, distinto al esperado… “abrir puertas-aprovechar las que abren”.

Ha sido un complicado trabajo ya que, el fútbol sala en Tailandia se caracteriza por un descontrol absoluto, por no ser pausado ni tan siquiera por momentos. Largas sesiones de trabajo, vídeo, charlas, viendo sus caras de incomprensión haciéndose la pregunta: “¿y esto para qué sirve?”

Se trata de tomar las decisiones adecuadas y estar preparados para cambiar de ruta si no funciona. Algo fundamental, ser flexibles. Finalmente, nuestro juego basado en posesiones largas, en mi opinión, ha sido clave para minimizar los daños defensivos. No tuvimos que dedicar mucho espacio a la defensa. Nuestros jugadores, invirtieron su tiempo en mejorar colectivamente la fase ofensiva y bien que lo hicieron.

Ellos, fueron buscando y encontrando dentro de esos patrones o estructuras tácticas cuál era mejor para sus habilidades, características, forma de entender el juego. Poco a poco se fueron relacionando entre ellos, sin importar quién estuviese en la cancha, algo que también nos aportó una gran riqueza, variedad y seguridad. No me esclavizaba con cuartetos predeterminados. No era necesario rotar de cuatro en cuatro. Todas las combinaciones funcionaban, todos los medios colectivos valían, entre dos, entre tres, entre cuatro y entre cinco.

Se había creado algo que nos permitía jugar en libertad, sin cadenas, que aumentaba nuestro rendimiento y productividad. Se podían tomar decisiones pero también disponíamos de una gran red de seguridad.

Lo anterior queda precioso en palabras pero debemos pasarlo a datos. Esos datos han coincidido con la idea que queríamos desarrollar desde el principio.

26’25’’. Esta ha sido la posesión media por partido, es decir, un 65,62% de la posesión. La mayor fue de 34’45’’ y la menor de 19’16’’. De los veintiséis partidos, en dos bajamos de los 20’, en diecinueve estuvimos en números por debajo de 30’ y en cinco partidos entre los 30’ y 35’.

La decisión por parte del adversario de no querer la posesión más nuestro interés en tenerla ya nos daba ventaja. No necesitábamos defender demasiado.

17,58. Dato correspondiente al número de pérdidas directas por partido. No hay respuesta a la pregunta ¿por qué? pero, no superando las 22 por partido (11/11), las posibilidades de ganar se incrementan en un 60%. Claramente por debajo del rango mencionado. El jugador que más balones perdía tenía un registro de 3,8 por partido y, el que menos, 0,4.

31,92. Tiros por partido, doblando los del rival con 14,19. Disponíamos de un 100% de posibilidades más de marcar en situaciones de finalización reales. El partido en el que más disparamos fue 40 y el que menos 19. El equipo acabó la liga con el mayor número de goles a favor (115) y el segundo con menos goles encajados (38). La realidad: nos costó mucho, tuvimos que crear demasiado para marcar poco, nuestra efectividad fue del 13,80%, muy baja.

9’. Cada nueve minutos. Ese era el tiempo medio que necesitamos para marcar.

27’10’’. Cada… Este es el tiempo que los rivales necesitaban para marcar un gol.

4,42. Goles por partido. Esa fue nuestra media anotadora.

1,46. Goles por partido. Esos fueron los goles que encajamos, de media, en cada partido.

El uso de reglas

A lo largo del año, no sólo en el período de preparación, fuimos integrando una serie de reglas ofensivas (hablamos del ataque en estos momentos) que nos aportasen seguridad y que crearan un espacio para desarrollar los patrones o estructuras tácticas.

Generar continuamente líneas de pase protegidas entre el 1 (poseedor) y el 3 (receptor) por el 2 (protector-habilitador). Esto contrarrestaría la acumulación de hombres en zona fuerte y castigaría sus posibles coberturas además de, concedernos la posibilidad de progresar, acercarnos a la portería rival.
La prioridad era el ala opuesta, el espacio no protegido por los defensores, la zona débil del ataque. Casi todos los equipos dejan pasar en primera línea sin criterios defensivos cuando el atacante corta. Esto nos invitaba a jugar directos de lado a lado porque sabíamos que allí, estaba la puerta.
El juego entre-líneas. Cuantos menos contactos mejor. La intención era evitar la superioridad defensiva zonal. Libertad para progresar o hacer regresar el balón a zona de iniciación pero sin pérdidas en ese espacio tan peligroso.
Variabilidad en la posición de los pívot. Tenemos pívot de referencia y fue muy importante provocar inseguridad en los cierres especialistas. Por detrás, apareciendo desde atrás, en ataque de cuatro, con salidas en cinco o, simplemente como un ala más. El objetivo era desarmar sus expectativas, crear confusión.
Los cierres no podían jugar como cierres en ataque. Está prohibido atacar con uno menos. Una vez controlado el número de pérdidas, nuestro apoyo de seguridad podía ser cualquier jugador con intención de avanzar. No se puede pensar en defender cuando estás en fase ofensiva.
Los contactos. Los jugadores se convirtieron en constructores con una identidad colectiva predominante. Son superdotados en el manejo del balón, con habilidades técnicas superiores pero, supieron combinar ambas. El juego a dos toques era primordial para romper defensas cerradas. Había que hacerlos correr y esperar el momento.
Sin presión, siempre hacia delante. Evitar los contactos innecesarios a cambio de movimientos sin haber tocado el balón previamente provocaba continuos ajustes defensivos. En alguno iban a fallar y lo sabíamos. Corte directo, puerta atrás, sobreposiciones, etc.
En zona de finalización: pívot en los fondos, cruces, Pick & Roll y aclarados en busca del tiro. Esto era una máxima, entender que en esta fase los movimientos que necesitábamos eran totalmente distintos, específicos y simples. Juegas con fuego si intentas elaborar en una zona de 20 por 10 metros con una densidad de 9 jugadores.

… Y algunas más

Polivalencia

Recuerdo la primera reunión con el presidente Pam y con el vicepresidente Benjamin. Les pedí jugadores polivalentes, jugadores versátiles con gran capacidad de adaptación.

Entiendo que algunos jugadores de nuestro deporte tengan cualidades muy específicas y, no puedan hacer más. Pero, el jugador de fútbol sala debe saber desempeñarse en cualquier espacio de la cancha, debe abandonar la especificidad para encontrar múltiples variables ofensivas.

Así fue. Poco a poco nos hemos ido dando cuenta de que nuestro equipo era eso, posibilidades infinitas a partir de no encadenar a los jugadores en roles específicos. Obviamente, sin dejar de exprimir aquello que tienen interiorizado y hacen bien.

El mejor ejemplo de ello eran nuestros pivotes: Muhammad y Peerapat. Al principio fue muy fastidioso. Como todo buen tailandés, si lo sacas de su zona de confort monta en cólera. Lo desarrollamos lentamente y lo fueron no sólo entendiendo, también ejecutando. Debían divertirse y, cargar con un cierre de ochenta kilos sobre tu espalda en cada bola que recibes, no lo es. Eligieron sus movimientos favoritos, con los que se sentían identificados. Van mejorando el Timing de sus apariciones.

Mucha culpa de esto tiene Marcus. Jugador que se incorporó en el octavo partido de liga pero que nos dio otra dimensión ofensiva. ¿Por qué? Simplemente porque es un amante de la táctica y para mí fue como estar dentro de la cancha. No me resulta incómodo decir que necesitaba mimarlo, es una especie en extinción. En cada entrenamiento se rompía la cabeza por hacer la mejor cirugía ofensiva posible y, lo transmitía a sus compañeros, les inoculó otra idea de fútbol sala, mucho más cognitiva y exigente, siempre dentro de los patrones que yo estaba solicitando. Sin olvidar que era un especialista defensivo. (Polivalencia)

A día de hoy, cuando me veo con mis jefes, sólo quieren jugadores versátiles, abiertos de cabeza, creativos y valientes.

La regla de los 20 segundos (Vídeo)

Al igual que el número de pérdidas máximo por período, no hay un motivo para afirmar esto. A lo largo de los años he observado a través de la estadística que, los ataques que superan los veinte segundos de posesión, tienen un porcentaje de éxito de un 40% superior al resto y menores posibilidades de pérdida de balón.

Yo me apunto a seguir lo que dicen los números, pocas veces se equivocan.

¿Será porque agotamos a los defensores corriendo tras el balón? ¿Tal vez el jugar de lado a lado continuamente termina dejándolos sin tiempo para llegar? ¿Puede que acabemos con su paciencia? ¿Nos hace aprender a elegir mejor? ¿Genera dudas en su cabeza?

Podríais hacerme mil preguntas y no tengo una respuesta concreta, sólo, que por encima de los veinte segundos nuestras posibilidades aumentan claramente.

No es una forma de jugar, es una forma de entender el juego…

No puedo pensar que la posesión del balón en fútbol sala no sirve de nada. La posesión ligada a las pérdidas directas del balón, en un equipo como el nuestro, es lo que ocupará la mayor parte de nuestro esfuerzo en el entrenamiento y, en este momento.

En algunos momentos de mi vida pensaba lo contrario, pero vas cambiando.

No todos los goles obtenidos fueron en ataques posicionales o usando largos ataques, obviamente, pero sí el mayor porcentaje. Este entorno no lo creamos nosotros, simplemente nos adaptamos e intentamos sacarle el mayor provecho posible. Nos lo ofrecieron.

Además, ¿a qué jugador de fútbol sala no le gusta estar en contacto con el balón? Perder partidos siempre va a formar parte del deporte pero, no deben desviarnos del camino. Son malos tiempos para la creencia de que la posesión es la clave. Nos etiquetamos cómo equipos ofensivos sólo por buscar el gol de forma vertiginosa y después, defender rápidamente. Aprovechar las superioridades, no siempre es productivo.

Esta fue la elección de Chonburi Bluewave para la liga pasada. Los jugadores se fueron sintiendo cómodos poco a poco e hicieron que la idea tomara forma. Algunos pensarán que el título fue algo fantástico pero para mí, lo fantástico ha sido la demostración de que se puede jugar bien y ganar, de que tener la posesión del balón no es nocivo, de que construir es más difícil que destruir pero a la vez es más hermoso, ¡mucho más!

Nos adaptaremos. No hay dos temporadas iguales y debemos ser conscientes de que los rivales harán algo para contrarrestarlo pero yo, seguiré queriendo poseer el balón más que ellos. ¿Cómo hacerlo? Y ¿Qué hacer con él? Ese será nuestro día a día.

En nuestro deporte no hay nada que pueda ser para siempre. Nuestra capacidad de adaptación a cada momento que vivimos, con los jugadores que tenemos, las y sus circunstancias, y mil factores más, nos marcarán el camino a seguir. Es ahí donde debemos estar acertados y preparados para cambiar si algo no funciona. Nadie nos garantiza que por mucho que pensemos las cosas, no nos vamos a equivocar. Cada día me levanto asumiendo que cometeré errores, de los que no puedo más que aprender.

La manera en que cada entrenador entiende el juego forma parte de la subjetividad en nuestro deporte. La necesitamos y nos enriquecerá. Es un deporte en el que se dan múltiples escenarios incontrolables. Debemos aprender a vivir en esa incertidumbre, es maravilloso.

Yo conocí a Benjamín en Agosto de 2019. Fue por allá cuando nos reunimos en Bangkok aprovechando la celebración de la AFC de ese año. Él era parte importante en el casting que el club estaba haciendo para encontrar entrenador.

Con él ha sido todo muy fácil desde el principio. Hablamos el mismo idioma en cuanto a ideas de vida. Y por qué no, es de agradecidos reconocer su papel en el equipo este año.

Normalmente todos se fijan en los jugadores, a veces en el entrenador, pero pocas en las personas que, detrás de todo lo demás, trabajan sin descanso, con vocación y dedicación absolutas.

Benjamín siente Chonburi como nadie. Él ha sufrido mucho en los últimos años, sin poder hacer prácticamente nada. Era una obviedad que yo tenía que darle un papel importante por su experiencia, por su forma de entender las cosas, por su ambición, por su carisma en la sociedad tailandesa, por su educación y por su elegancia.

Es una persona muy admirada en este país por su voz, canta como dios. Es muy querido. Si venís a un partido de Chonburi podréis comprobar como los aficionados, al acabar el partido, a quien más reclaman es a Benjamín. Ni jugadores ni nadie más.

En los momentos más delicados, el efecto volcán que me domina sin control, él lo ha controlado. Cuando se le ha necesitado en el barro, ha sido el primero en tirarse y ensuciarse, cosa que otros han evitado. También estuvo en partidos importantes, empujando desde abajo.

Podría hablar de él mucho más, hay demasiadas experiencias ya vividas en tan poco tiempo. Pero, es un simple agradecimiento y reconocimiento por su ayuda, comprensión y apoyo. En pocos clubes de los que he estado, una persona de la dirección me hizo sentir tan valorado.

Esto no se acaba aquí querido Ben y tú, más que nadie merecías este título… ¡Vamos!

Cuando acaba la temporada llega, para mí, uno de los mejores momentos, analizar toda la documentación y datos generados durante la misma. Es algo que disfruto porque me permite ver cosas que no vi y entender, porque han sucedido. También conocer mucho mejor a mis jugadores, a mi equipo. Y, por supuesto, poder hacer autocrítica de mi trabajo con el único objetivo de mejorar. Siempre habrá margen para el crecimiento personal.

En este post, compartiré el que para mí ha sido el mejor gol de nuestro equipo esta temporada. Tal vez no sea el más estético para muchos pero reúne muchas características que lo hacen especial.

También el segundo por su ejecución y por lo que el movimiento debe suponer para el futuro de nuestro deporte.

El primero de ellos, en mi opinión nuestro mejor gol, es el resultado de entender lo que necesitábamos hacer para batir las defensas a las que nos hemos enfrentado. Generalmente, los equipos contrarios, excepto en contadas ocasiones, han depositado su confianza en reducir el espacio y parar nuestro juego con defensas individuales muy duras, otras veces con defensa zonal, muchas con juego demasiado violento permitido por los árbitros.

En este gol podemos observar cómo ejecutamos casi a la perfección todas las fases del ataque: iniciación, elaboración y finalización. Generamos triángulos alrededor del balón continuamente y lo mejor, el gol llega tras cuatro contactos a un toque. Circular el balón con velocidad y al menor número de contactos posible ha sido fundamental para contrarrestar estas defensas cerradas.

El segundo, no podía dejar de compartirlo por su valor táctico. El bloqueo ciego será un medio en el que nos apoyaremos para desempeñar nuestro ataque. Como vemos hoy día, es cada vez más difícil batir defensas y, debemos usar recursos menos habituales, para poder hacerlo.

The best two goals

El bloqueo ciego, en este caso tras un saque de córner, pero perfectamente aplicable a cualquier situación del juego, es algo que está en mi plan desarrollar de la manera más intensa posible por la cantidad de opciones que nos puede aportar. La experiencia táctica de nuestros jugadores no es la suficiente para obtener un resultado satisfactorio, aún, pero estamos en el camino.

Pueden tomar nota de este recurso simplemente viendo un partido de baloncesto.

Dejo además el vídeo de todos los goles marcados durante la temporada.

Goles temporada 2020 PTT CHONBURI BLUEWAVE

Supongo que lo más justo es compartir, y no en redes sociales (que también), este reconocimiento al trabajo. Si enumero a todas las personas y clubes a los que les tengo que agradecer y con los que debo compartirlo, seguro estoy de que me dejo alguno.

http://www.futsalplanet.com/news.aspx?id=503

Es esto simplemente, que entendáis que lo que está pasando este año es el fruto de un trabajo arduo y largo del que no soy único responsable. Soy lo que soy, para lo bueno y lo malo por esas personas que pasan por mi vida y me enseñan cada día, me dan oportunidades y a veces, hasta me escuchan.

Vosotros sabéis los que sois, así que, gracias.

Gracias Futsalplanet por esta nominación, gran trabajo en la difusión de nuestro deporte y por supuesto, mi más sincera enhorabuena al resto de compañeros nominados.

Cuando llegué aquí me avisaron de que era importante una renovación de la actitud de los componentes del cuerpo técnico. Al nivel del resto, la erosión por no conseguir ganar la liga en los últimos años les había pasado factura.

A veces no hay que hacer nada para conseguir algo, simplemente avanzar y dejar que la gente se desarrolle dentro de un entorno, creado para ello. No iba a dejar a mis compañeros sin su merecido reconocimiento. Ya lo hice con Alexandre, ahora le toca al grupo y, especialmente a dos y, especialmente a uno.

Todos los que están en la foto, algunos son añadidos como en todas, pusieron su granito de arena para que los objetivos se cumplieran. No fue un camino fácil. Trabajar a mi lado es realmente complicado pero ellos lo consiguieron.

En mi opinión todos tienen mucho más que dar, tan sólo deben querer y creer en sus posibilidades, tomar iniciativa, ser inquietos, activos, ambiciosos. ¡Se puede!

Siempre hay un reconocimiento especial. Empezaré por Coach “Tum”. Él se ha encargado de una parte muy delicada de nuestro trabajo y la ha ejecutado a la perfección. Fue un compañero en el banquillo que, también me orientó en los primeros momentos, cuando más lo necesitaba.

Nunca me ausenté de un entrenamiento por ninguna razón. Hoy, sé que si lo tengo que hacer este hombre me puede cubrir sin problemas. Él se abrió a aprender y adaptarse a mi método de trabajo, a mi forma de entender este deporte y la vida. Él no antepuso sus intereses a los del grupo. Es un auténtico segundo entrenador con mucho margen para seguir creciendo. Los entrenadores tailandeses deben dar un paso adelante y él será uno de ellos.

Acabaré con mi preparador físico, Coach “Aum”. Lleva muchos años en el club. Ha sido campeón de todo. Incluso ha participado alguna que otra vez con el equipo nacional. Joven y con ganas de trabajar. Incansable, dispuesto, serio, disciplinado, capaz de escuchar y entender, abierto a nuevas ideas.

Como en el caso anterior, una persona que le da prioridad a los intereses del equipo. No importa las horas que le tenga que echar, lo hace, sin rechistar. A veces lo tengo que obligar a descansar. Con eso está dicho todo.

A la vez, hizo de traductor. En este aspecto y en tono jocoso, mucho que mejorar. Yo también debo apretar en mi Thai.

No es posible hacer lo que hemos hecho este año solo. Con esto, ¡gracias chicos! La próxima liga volved con mayor exigencia y ambición.

Alternando descanso, trabajo para recopilar datos y analizar con perspectiva todo lo acontecido durante este año, preparar la próxima temporada sin pausa, hay que sacar tiempo para los reconocimientos.

Uno de los éxitos de este equipo ha sido la actitud de nuestros porteros. No voy a descubrir lo que ocurre en un equipo con esos jugadores que no juegan, ese es un tema para otro post (y desgraciadamente los hemos tenido). Estos cuatro han formado un auténtico equipo especialista en nuestro grupo.

Arut, Top, Big y Jhon. Seguramente pocas personas sean capaces de apreciar vuestro trabajo e insisto, ACTITUD. En este grupo de jugadores no ha existido el egoísmo. Ellos se han ayudado mutuamente, jugaran o no. Sus entrenamientos han sido ejemplares, sin exigir nada, solo trabajo por trabajo.

Es complicado encontrar jugadores como estos cuatro. Son el ejemplo perfecto de lo que debe ser un grupo y un equipo.

Pero, especialmente quiero agradecer a Arut Senbat. La situación de Arut ha sido muy complicada. No es fácil sustituir a un portero principal como Katawut, jugador laureado de más y el jugador más experimentado en nuestra portería. Katawut ha tenido la mala suerte de estar mucho tiempo lesionado, cosas que pasan.

Todo empezó en Malasia, en aquel torneo internacional. Cuando todos pensábamos que a Arut le pesaría la responsabilidad, él hizo un torneo que le dio la confianza necesaria para afrontar el resto de temporada.

Sus números son espectaculares y la seguridad y tranquilidad que le ha dado al equipo, han sido fundamentales para la consecución del título. Creo que no ha tenido el suficiente reconocimiento y lo merece. Arut es una persona y después, un portero, que yo siempre quiero tener conmigo. Arut es de esos que hacen grande a los que le rodean y los mejora, les enseña. Arut es de esos jugadores con unos valores ejemplares en el que los jóvenes, deben fijarse e imitar.

Gracias a todos nuestros porteros y, especialmente a Arut Senbat.

Lo de este fisioterapeuta no tiene nombre. Ahora mucha gente me felicita por el título obtenido recientemente como si yo fuera un héroe pero no es así. Este tío es uno de los principales culpables de todo lo conseguido ahora y también antes.

Alexandre, para todos Cherno, es sin duda el jefe de los Thais, a veces, también pienso que es mi jefe. Siempre en un sentido positivo de las cosas. Su experiencia en Tailandia me ha servido para sacar el máximo provecho a una plantilla muy tocada por las circunstancias. Para mí, ha sido una guía absoluta.

Además, es de los que sabe dejar en la pista los problemas que allí surgen y después… se acaba. Él fue jugador y tiene un ascendente enorme con los jugadores. Lo más importante para mí es ver la auténtica confianza que le tienen todos ellos.

Un entrenador que se quiera un poco y quiera a su equipo, valora eso por encima de todos los intereses personales, es un privilegio verlo cada día.

Alexandre ha hecho un trabajo multidisciplinar. El suyo, por supuesto. Ayudó al preparador físico, un chico joven con infinitas ganas, orientándolo y consiguiendo que nuestro equipo, fuera el mejor en ese aspecto. En los partidos, yo sé donde está y aprovecho que se siente cómodo para usar lo que sus ojos ven, que no es poco.

Es sin duda alguna, otro de los culpables en un porcentaje mayor del éxito de Chonburi este año y confío, en poder tenerlo conmigo bastante más tiempo.

Como siempre te digo amigo: “Pelea como sabes y nunca dejes de ser tú mismo” simplemente hay que aceptarte y valorarte.

Muchas gracias Jefe de los Thais, el año que viene, más y mejor.