
Cuando pasaba por aquella plaza con esas escaleras, y me encontraba las ambulancias de la DYA, no podía olvidar ese primer día en el que conocí a este personaje, y le llamo personaje por que es mi amigo, alguien que se ha preocupado y se preocupa continuamente por mi, algo complicado en estos tiempos, y sin pedir nada a cambio. Como lo que hacía por nosotros, que es lo que yo recuerdo, aquel año en Castro, pero me consta que lo lleva haciendo trece años. No se pierde un partido, y muy pocos entrenamientos. Con ese aspecto de matón, sus barbas de dos semanas y el uniforme verde fosforito, de primeras te impresiona, pero cuando lo vas conociendo día a día, haces más fuerte esa famosa frase de “LAS APARIENCIAS ENGAÑAN”. Ha sido uno más de tantos padres que tiene este equipo, que tuve en mi estancia allí, y llevo tiempo queriendo, al menos, darle su momentito, por que gente así pasa desapercibida y son lo más importante de nuestro deporte. Era inevitable salir del túnel de vestuario, antes de un partido, y no dirigir la mirada buscándolo en esa esquinita, casi escondido, pero todos sabíamos que en momentos de apuros el estaba allí, haciendo su papel, de sanitario claro, y lo que se pudiera ¿verdad Santi?, pero amigos has hecho más que nadie, árbitros y entrenadores rivales, jugadores, etc., no soy el único que te pude compartir, de lo que me siento orgulloso. Aquel año, y no quiero que lo olvides, tuviste tu parte de culpa de que consiguiésemos el objetivo, y yo, personalmente no lo olvidaré. De todos modos me quedé con lo mejor, tu amistad, eso ya no nos lo quita nadie. SANTI EL DE LA DYA.